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POESÍA JOSUÉ MIRLO

Madre

MADRE

 OFERTORIO:

 Para ti que dejaste

que astillara tu vientre

por tenerme en tus brazos

REZO LÍRICO:

 … ¡Y yo – gota de sangre – me perfumé en tu seno

 como la gota de agua se perfuma en la flor!

SALMO FINAL:

Primero fui aquel sueño que hizo temblar tus curvas

de virgen en promesa;

después… (tú bien lo sabes)

me resumí en tu carne como una primavera.

Y como el árbol nuevo que se afianza a la tierra

para ser un coloso,

yo me afiancé a tu entraña con mis raíces ávidas

y sorbí todo el zumo de tu vientre en sazón.

Desde entonces mis nervios, como antenas de plata,

se enjoyaron de claras

resonancias marinas!…

Mi último viaje

Algún día –no sé cuándo-  debo emprender el viaje

por algún largo camino que se tienda a mis pies…

será el divino tránsito de mi cuerpo y mi espíritu

a través de los siglos, por los siglos. Amén.

Polvo a polvo mi cuerpo se irá desmoronando

en el largo camino que se tienda a mis pies;

cada sol, cada luna, encontrará menguadas

mis carnes de viajero sin patria y sin edén.

Y cuando ya no tenga que darle al gran camino.

Cuando el último polvo de mi barro se quede

en el vasto silencio de las cosas sin alma

entonces:

¡comenzará su tránsito mi espíritu altanero!

Le han de mirar los siglos pasar como un fuerte

claridad de crepúsculo. Su paso irá sembrando

el perfume inviolado de lo inconmensurable

que florece en el punto de la inmovilidad!…

Mi
último
viaje

Capulhuac

CAPULHUAC 

Me voy de aquí, sonoro de paisajes

y pinto de luceros, Capulhuac;

¡cuántos  suspiros los que van de viaje

como góndolas blancas sobre el mar!

 

Maduro el corazón, como durazno;

llena la vida, como fuente azul…

¡cuántas cosas cantadas, cuántas dichas

en rumor de camino que eres tú!…

 

Es el silencio de la despedida:

lágrimas de luceros en el mar…

¡cómo temblaron las arenas vivas

con la pisada azul de este soñar!

 

Camino al caminar no caminando

clavé mi zarpa de oro, en caracol,

sobre aquel corazón iluminado…

¡ilusión, ilusión, blonda ilusión!

 

He de decir de ti, nacer de auroras

sonámbulas de noches en tropel,

que eres lluvia en sazón de mariposas

abierta en cabellera de mujer…

 

Y por eso al jugar a la rayuela

con mi lucero azul, ¡oh Capulhuac!,

eres un despertar al pie del alba

tornasolada y leal!…

AUTORETRATO

Yo bien pude ser cura de una aldehuela pobre
donde la gente vive, como los bueyes mansos,
enroscando en el turbio silencio de la tarde
la serpentina ingenua de su mirada incierta.
 
Con cuánto amor hubiera bautizado a los niños
de esa mi grey humilde; cómo reganaría
a aquellos feligreses de vida amancebada,
como los llama el pueblo.
 
Otras veces, rondando por los derruidos claustros
de mi parroquia vieja, oiría con beneplácito,
después de la merienda, el ritornelo amable
con que saludan todos:<<- la mano, padrecito…>>
y luego al despedirme de aquellas buenas gentes
tan sanas y tan pródigas como las ubres blancas
de las vacas lecheras!…
  
¡Qué diáfana y qué mansa mi vida así entre pobres!
pero… no fue posible. El destino, más fuerte
que yo, me hace sonámbulo y vago como un perro
famélico y sin dueño que husmea por las aceras
el rastro de un cariño que se perdió en la urbe!
 
 

 

 

 

Autoretrato